I
(Presencia Inmensidad)
Míralo por el centro
de esas ruinas
como si fuera un dios
perfecto en
su estampida.
Pero a un dios
sucio así
nadie lo mira
aunque viva dentro
de sí mismo
cada día.
Míralo deambular
sin que nada sepamos
de su vida.
Es un ángel callado
que abandonó sus alas
y transita
sin conocer la sombra
que lo anima.
Pero a un ángel así
quién lo tendría
como ángel de la guarda
qué osadía.
Míralo de una vez
real en su jauría
que nadie
entendería
a pesar de que todos
exentos no estarían
de salvar su pellejo
ante la orgía natural
del tiempo en cofradía
con la amplia
minoría de ilesos que
a esta Zooferia
nunca volverían.
Pero vienen a ver
como vería
un ser sin armonía.
Vivir con la
avería de no ser
lo que el hambre
y la pena justifican.
Míralo cabecear
con las manos
en suelta ley marcial
dando la espalda
tal vez a lo que ansía.
Es un cuerpo que se entrega
al desastre
como a la inmensidad del miedo
a quien sabe cuando huía
ajeno amado por Beudet
hasta que el polvo se hizo música
en el concierto de
las manos que caían
con otras reclamando
Port–au-Prince en jauría
ante el macabro espejo de su isla
a ras de corazones
que no lo merecían.
Tampoco él
pensaba en algo así
cuando su puerto abajo se venía.
Ni hizo nada por ellos
pero tal vez lo haría
contigo al otro día.
Míralo y no lo toques.
No ofendas su armonía.
Míralo renacer
por un silencio a otro
de mañana a la tarde
que partía
en dos a la ciudad
sin melodía.
Lo ves
y puede ser
que no percibas
su absurda desnudez.
Acaso nunca sepas
su partida
de andrógina esbeltez
que nadie contamina.
Míralo atravesar
la ciudad de naipes más caída
pero ya no podrás
tocar su despedida
tras un corto circuito
que el ángel sin
memoria determina.
Míralo.
Ya se fue.
Mas ha quedado
para siempre
en tu retina.
II
(Cuerdo trashumante)
De cuál historia viene
o de qué luz sin tiempo
si el silencio se abre a los escombros
como otra oscuridad
y no hay casa asomada para verlo
o menudo rincón que nos explique
qué locuras incipientes desanduvo
cuando era apenas virtuoso transeúnte
cuerdo aprendiz en la danza de los ébanos
instado por rebelde confusión
a ser paria ambulante
de un país manicomio
ante el desastre
que los condena
a transitar el inframundo
de donde saldrán fortalecidos
si cuidan de las auras
cruel conjuro
a la tierra y su preludio.
Cómo pasa de largo sin mirarnos
ni apenas percatarse
de que el sol y nosotros lo seguimos
hasta que se nos pierda
sin dar la bendición
o pedirla con algún saludo
como una disuelta
aparición entre los ojos
sumado en ese lienzo
de lodo abandonado
a punto de dejarnos como si
no fuera más que
un truco trashumante:
una sombra chinesca del paisaje
que puede no ser cuerda
mas concuerda con la imagen
de esa realidad que nos trastorna
como un rompecabezas desolado
que la naturaleza convirtió
en el desamparado Haití de los naipes.
III
(Caída Salvación)
Caído sobre su propia humanidad
el ángel de ébano
ebrio de gozo se desnuda
sin reparar en la mano que lo mira
eternizar la desgarrada calle
por donde camina
orando al lodo desde su locura:
una brecha sin Moisés a la salida
con la que busca desprenderse
de otra alma por encima
impedida de azorar la soledad
que todos visten hoy
cuando la intemperie no claudica
y la tragedia se hace horror
que contamina.
Alzado como una salvación
sobre las ruinas
que otros continúan
se entrega a la impiedad
de los que miran sin llorar
el mágico bregar del pronto día
para el país inexistente
siendo más que una sombra
certeza irreverente
del sismo interior que los oxida
entre la polvareda humana
de un siglo demente y miserable
que absorbe la soberbia
sobre media isla de fantasmas
cuyo remedio está por definirse
pues no descansa en la agonía
ni en la desolación
de estos ángeles negros
que atraviesan
desde la indefensión
a la epopeya más
ardua de su vida
pero tampoco
en la manada que perfila
otro destino falaz
que los oprima
cuando esa luz definitiva
pudiera resurgir
entre las manos voraces
que construyan
su reino en este mundo:
sitio donde confluyan
los ángeles en yunta
cuya luz es y será
locura compartida
cuando la sombra ayuna.
José Antonio Gutiérrez Caballero
Miami, 6 de febrero del 2010.
DESNUDO EN HAITÍ
Foto de Cristóbal Manuel, para EL PAÍS.COM
Por FRANCISCO PEREGIL (Enviado Especial) – Puerto Príncipe – 05/02/2010
Pasea siempre solo, desnudo, sin rumbo. De vez en cuando se detiene, mira al frente, bosteza, se rasca el costado y continúa su camino con los brazos caídos. Si un coche pasa demasiado cerca, se recoge unos centímetros en la acera y sigue andando. Lo echan de un sitio y se va a otro. Sin protestar. A las seis de la mañana se le puede ver en cualquier calle. El frío le hace abrazarse a sí mismo entre la gente que carga con sacos de arroz y bidones de agua en la cabeza. No mira a nadie y nadie le mira. ¿Quién está más trastornado? ¿El chico desnudo o la sociedad que ni siquiera repara en él, que no tiene resortes para acogerlo en ningún lado como cualquier ser humano se merece? ¿Quién vive más enajenado?
El chaval desnudo se ha convertido en un símbolo inconsciente de la indefensión de Haití. Una indefensión que ya era patente, igual que su desnudez, antes del terremoto. Con cada autobús, cada coche o cada moto que sortea, cada peatón que se cruza, cada tienda de móviles, el joven va desnudando las grandes palabras de este siglo: ayuda humanitaria, cooperación, solidaridad internacional, reconstrucción.
Desnuda también a sus compatriotas, ricos y pobres. Después del 12 de enero hay bajo sus pies más cristales, escombros y alambres, pero su historia ya era así antes de la catástrofe. En el centro de Puerto Príncipe, muy cerca del Palacio Presidencial, desde toda la vida, algunos “locos” se pasean en cueros sin que nadie haga nada por ellos.
Son pocos, pero son. Las ruinas del terremoto sólo han puesto el decorado idóneo detrás de ellos. La estampa podría servir para que un publicista avispado idee un anuncio en el que ensalce la fuerza, la independencia y la libertad de la juventud ante cualquier situación.
Tendría mucho éxito en cualquier sitio, menos en Haití.
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Desnudo/Haiti/elpepuint/20100205elpepuint_19/Tes
Miami, 09 de febrero del 2010.























