Archivo para abril, 2009

TANTO VA EL CANTARO A LA FUENTE VI

Posted in CABE DUDA on 21 abril 2009 by josancaballero

CRONICA INSOLITA DE UN PLAGIO ANUNCIADO

(Sexto Aviso)

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TANTO VA EL CANTARO A LA FUENTE V

Posted in CABE DUDA on 20 abril 2009 by josancaballero

URI, URI, URA, Mandarla a componer…

(Quinto Aviso)

AlgaMarina5

TANTO VA EL CANTARO A LA FUENTE IV

Posted in CABE DUDA on 20 abril 2009 by josancaballero

Los plagios reiterados de Alga Marina Elizagaray

(Cuarto Aviso)

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TANTO VA EL CANTARO A LA FUENTE III

Posted in CABE DUDA on 20 abril 2009 by josancaballero

 Los nuevos plagios de Alga Marina Elizagaray

(Tercer Aviso)

Algamarina3

TANTO VA EL CANTARO A LA FUENTE II

Posted in CABE DUDA on 20 abril 2009 by josancaballero

Noticias y fragmentos de los plagios de Alga Marina Elizagaray

(Segundo Aviso)

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TANTO VA EL CANTARO A LA FUENTE I

Posted in CABE DUDA on 20 abril 2009 by josancaballero

En torno a los plagios de Alga Marina Elizagaray

(Primer Aviso)

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URÍ, URÍ, URÁ, LA FUENTE SE ROMPIÓ…

Posted in CABE DUDA on 20 abril 2009 by josancaballero

   Compulibro    

 El 17 de marzo del 2008 aparecen Las escandalosas artes del plagio de una escritora oficial cubana, en El Nuevo Herald, de Miami, la entrevista que le hace el periodista Wilfredo Cancio a José Antonio Gutiérrez Caballero (Ciudad de La Habana, 1959), sobre su participación como detractor en el mayor escándalo literario que se haya protagonizado en Cuba, durante 1988 y 1989, respectivamente, en torno a los plagios de Alga Marina Elizagaray, la asesora y funcionaria de literatura infantil “más promovida y viajera cultural de todos los tiempos en la Isla”, y que José Antonio descubre que ella copia dolosamente la obra de 36 autores y 44 libros. Aunque muy joven por entonces, este reconocido especialista, realiza dicho estudio en la Biblioteca Nacional “José Martí”, paralelamente a la segunda parte de su investigación La serie literaria infantil cubana de 1858 a 1899, con la que gana el Premio “Razón de Ser” 1988, beca artística del Centro de Promoción Cultural “Alejo Carpentier”, que culmina en los resultados del Libro Segundo de El tesoro encontrado, o La serie literaria infantil de Cuba a Hispanoamérica de 1858 a 1899, además de Ese niño de La Edad de Oro, Premio Especial Ensayo Centenario de La Edad de Oro, entregado por el Ministerio de Cultura de Cuba, en 1989.

Jose Antonio Gutierrez en el ojo del huracan

Luego de año y medio de continuas reuniones, consejos y apelaciones, diatribas con innumerables “dimes-y-diretes”, junto a deliberaciones de todo tipo o enigmas paralizantes, finalmente es reconocido de manera escueta el acto de “latrocinio literario” de Alga Marina Elizagaray, en La Gaceta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), que a pesar de que la expulsa de sus filas, no da a conocer los motivos de tan dilatado suceso, ni siquiera con el nombre o fragmentos del ensayo de este “guerrero de las letras cubanas” (como si todo hubiera pasado por “arte de magia” y no por el fruto de un estudio acusioso y pormenorizado). Para esa fecha,  José Antonio tiene su texto sobre el tema requete concluido, pero Abel Prieto (antes Presidente de la UNEAC, y luego Ministro de Cultura), quien le prometiera hacerlo, una vez dilucidado el asunto, le comunica, personalmente en ese instante que ”no puede hacerse por ahora”, y hasta se excusa diciendo “que no estaba autorizado para ello”, sin embargo cuando el escritor le presenta su investigación, a instancias del periodista y amigo Froilán Escobar, el propio Abel mira unos cuantos ejemplos del caso y argumenta horrorizado “Qué asco”. La ultima foto de Alga Marina Elizagaray, la autora de los escandalosos plagios que descubre Jose Antonio Gutierrez en 1988, sin embargo, nuevamente es invitada a la XVII Feria del Libro de La Habana, sin importarles los 36 autores y 44 libros que plagio, ni aunque fue expulsada de las filas de la UNEAC en 1989

 José Antonio agrega, por su lado, que tiene interés en publicar estos “escandalosos hallazgos”, por lo que el funcionario le riposta que ambos son miembros de la UNEAC, y que él debe someter estos resultados a una Comisión de Etica, y que solamente así, luego de su dictamen, publicaría Tanto va el cantaro a la fuente: En torno a los plagios de Alga Marina Elizagaray, lo cual traería por consecuencia que uno de los dos sería expulsado de la organización, pues “ese descaro no se podía permitir”, dicho de este modo con palabras textuales. He ahí el mejor ejemplo en el uso de las frases  “deber de” y “tener que”. El joven investigador tuvo que hacer un informe detallado de cada figura de plagio y presentar pruebas contundentes con los textos originales, mucho de los cuales eran ejemplares únicos consultados en la Biblioteca Nacional, a los que Alga Marina también había tenido acceso, en los días en  que se desempeñaba como conductora del taller literario y asesora del Departamento Juvenil, que dirigía por entonces la especialista infantil Wichy Guerra, supervisada por el famoso poeta Eliseo Diego, cuando la mayoría de los intelectuales religiosos, en especial,  los “cristianos” del Grupo poético Orígenes,  fueron, casi gregariamente, recluídos (o al menos, trasladados), a este magnífico recinto cultural para que hicieran sus investigaciones o se mantuvieran activos e informados.

Jose Antonio Gutierrez en la Galeria de Arte Nacional de Venezuela, 2004Sin embargo, bien sabe José Antonio Gutiérrez, desde que leyó las cartas del ilustre José Martí a su amigo Manuel Mercado, cuando dejó de publicar en 1889, por un asunto parecido, su revista fundacional La Edad de Oro, que no es lo mismo tener miedo, que educarse para el miedo, lo cual crea la llamada “autocensura”, y de ese pormenor (o pormayor, mejor dicho) hay muchos ejemplos en la Cuba “revolucionaria” de esas décadas. Imagínense ustedes, si Abel Prieto no tiene facultades para hacer la publicación de los plagios de Alga Marina Elizagaray después de todo aquello, quién podría tenerlas entonces. Acaso el propio Fidel Castro con la mesa redonda en pleno, que en ese momento ni pensaba organizarse?Ahora bien, cualquier lector avizado y suspicaz no se explica el hecho de que si ocurren cosas como éstas entre nosotros, por qué no las divulgamos, en un momento en que el Diario Granma se atreve a editar en su “segunda plana” un artículo sobre los (tan comentados y nada demostrados) “Plagios de Humberto Eco”. Serán cuestiones de política editorial o enigmas del poder cubano? O acaso sea que, de cara al mundo, somos “más papistas que el propio Papa”, en nuestro afán demagógico y de doble moral, pero cuando tenemos que “lavar nuestros trapitos”, pues que éstos se ventilen en la casa, y si es preferible a oscuras, nunca al sol, que en el decir martiano también “tiene manchas”. 

Caleidoscopio de Jose Antonio Gutierrez Caballero

Así, remedando a William Shakespeare, como que “algo podrido huele en La Habana”, y al cabo de mucha “radio-bemba”, tal cual se dice en Cuba, aludiendo a los llamados “comentarios de pasillo”, o en el caso de este suceso increíble, a “las paradas de guagua”, nuestro Josan Caballero deja de ser “el conejillo de Indias” y logra editarlo el 20 de noviembre de 1993, cuando realiza una gira artística por Venezuela, con su Grupo Teatrova de Cuba, dentro de tres números semanales del Suplemento Literario Brujular, del Diario La Hora Cero, que José Antonio coordina, produce y redacta en la Isla de Margarita, bajo el nombre de Tanto va el cántaro a la fuente. El trabajo del periodista Cancio, sobre este asunto, ocupa los titulares de la Sección “Séptimo Día”, en la prensa dominical de Miami, cuyo signo distintivo se hace en el marco de la  XVII Feria del Libro de La Habana, en la que participa Alga Marina, después de veinte años de sus “escandalosas artes del plagio”, que aún no reconoce aquella censura y determinación, argumentando, a estas alturas, que ella ha sido víctima de “vampirismo literario”.

Claro, salvo amigos, personas cercanas y los implicados en el asunto, muy pocos conocen el ensayo completo de José Antonio Gutiérrez Caballero, que nunca ha visto la luz en Cuba, lo cual promueve dobles interpretaciones y hasta opiniones diversas, por eso es que la propia Alga Marina ha aprovechado esta situación, para “manejar” en determinados sectores e instituciones nacionales y extranjeras, durante mucho tiempo, la astuta y enfermiza “coartada” de que ella fue injustamente atacada por un “grupúsculo” de la UNEAC que la quiso apartar del panorama cultural cubano (igual que cuando expone, en su apelación al Consejo Nacional de la UNEAC, que en sus primeros libros “las editoriales les suprimieron las comillas”), como si eso en verdad pudiera ser posible, y sus textos no fueran el remedo de otros muchos autores que también le ocultaron que la leyeron, porque tampoco se dieron cuenta ellos mismos de ser plagiados.

El tesoro encontrado, de Jose Antonio Gutierrez CaballeroEso es lo más tristemente simpático. Ni siquiera ser leído por algunos de aquellos a los cuales has plagiado. Podría asegurar que es todo un Guinnes World Records, no sólo para entrar a formar parte del proverbio general de “cría fama y acuéstate a dormir”, sino de uno particular y distintivo, como se diría en este caso: “Cría fama y dedícate a plagiar”, razón para que alguien pueda luego comentar sobre esto y le ponga su “San Benito” popular, o el “San Alguita”, del que no se va a poder librar jamás, a partir de ahora. Tanto va el cántaro a la fuente, hasta que te lo rompen muy cerca del rostro.

El sistema gubernamental sórdido es quien aupó y fabricó a Alga Marina Elizagaray, como uno de los tantos “frankenstein” que pululan en esa maquinaria terrible del “riégalo que nos conviene” y por la monstruosidad del “silencio a voces”. Como ella representó en muchísimos lugares al país, cual funcionaria distinguida del Ministerio de Cultura de Cuba que era, además de poder viajar por doquier y hacer numerosas relaciones internacionales, para qué aislarla, si nos hizo mucho bien, y nos puede hacer mejor, conectándonos con el mundo global: eficaz manera de aprovechar sus contactos, para conseguirlos nosotros igualmente. Así piensa y actúa gran parte de la dirigencia militante cubana, atrapada en el status quo nacional, por lo que ahora se la tienen que… tragar.

Paginas centrales de El tesoro encontrado, de Jose Antonio GutierrezAlgunos “amigos y allegados” hasta le han dicho en numerosas ocasiones a José Antonio Gutiérrez, no se sabe si a modo de “jarana” o muy seriamente: “Ay, tony, mi’jo, deja tranquila a esa mujer, déjala vivir”. A lo que el escritor agrega, con singular ironía: Y quién me ayuda a vivir a mí. En una sociedad justa, quién cubriría mis honorarios y se encargaría de defender los daños y prejuicios ocasionados a mi mente e intelecto, por tanto tiempo de silencio e ignominia y desesperación, sin argumentación alguna de por qué no publicaron el asunto. Acaso es una burla o un ensañamiento conmigo esa no publicación? Cómo voy a seguir hablando, caminando y escribiendo así, educándome para el miedo, prepárandome para la muerte de mis continuas ideas y convicciones de artista creador, sabiendo que he descubierto algo justo, y cuando me doy cuenta aparezco ante la comidilla de la gente, casi cual anticristo, en un país que se precia como el dador y el paladín de la justicia. Mi asunto no es algo personal con ella, sino precisamente con los que la condicionaron y colocaron tanto tiempo ahí, sin darse, o dándose demasiada cuenta de quién era y lo que hacía; alentadores de este tipo de historias, porque de ese modo se defenestra a los individuos y otros ocupan el lugar de los héroes y los verdaderos profetas. Mientras en Cuba no se haga juicio apretado y se divulguen ensayos como éste (que aunque antiheroicos, son importantes de publicar y reconocer), no habrá verdadera justicia, y seremos un país de intelectuales de bozal; artistas indigentes con cara de buenos, cuando por detrás nos estamos arrancando la tira del pellejo, esperando que alguien nos de un “carguito” o nos invite para el próximo viaje. Jose Antonio Gutierrez CaballeroEllo reafirma la indigencia crítica y la manipulación amañada de la que habló José Martí, en sus apreciaciones de 1893, sobre Herbert Spencer, el socialista utópico, donde nos dejaba cimentado, para las nuevas generaciones, la inolvidable alerta de que en el socialismo dejamos de ser siervo de un señor, para convertirnos en siervo del estado. 

 Parafraseando ese otro viejo refrán callejero: “Los funcionarios en Cuba pasan, y hasta se turnan o caen en jaque mate, como un siniestro juego de ajedrez que les propone el régimen, jugado por sabes Quien, pero sus desastres y secuelas quedan”. Eso es lo que combato yo, la tendencia y la indecencia de no decir ni atacar nada, la neutralidad oprobiosa de ser tendencioso por saber y no decir, del mismo modo que por callar y a la vez otorgar. Sin debate no hay un verdadero país, y viceversa. Sin justicia no hay tampoco verdadera literatura, ni debate, ni nada. Y en qué ámbito situamos los plagios, sus hallazgos y posteriores publicaciones? Por ahora, basta ya de escuchar la frase carcomida de que el escritor no es un político, ni un ideológo. Es cierto, en última instancia, no lo es. Pero el escritor, y más el investigador, es un ser social, que como tal vive, piensa, padece, escribe y expresa su realidad en última instancia. Existe, luego piensa, contradiciendo el “Cogito, ergo sum”, del célebre y existencialista Descartes.

Como estamos en el campo de las últimas instancias y circunstancias científico-literarias o económicas, nos expresamos a través de ideas e ideologemas, no lo duden. El debate es lógico y necesario en cualquier circunstancia, aunque un gobierno, un gabinete o un autor se opongan a ello, y a ellos. La veracidad histórica y la investigación objetiva de los hechos muestran la realidad y la naturaleza tal cual es (De rerum natura), hasta superar la propia obra. Nada hay nuevo bajo el sol, pero nada tampoco se puede ocultar mucho tiempo. No hay crimen perfecto ni estratagema inacabada. Las mejores “coartadas”, aunque sean hundidas en el más abrumador silencio de los libros, siempre serán descubiertas. Nadie es infalible ni perfecto, pero se ha dicho infinidad de veces que, hay quienes tienen también dentro de sí mismos el valor de muchos hombres. Sepan igualmente aquellos confesos, que por ocultar sus miedos no son instrumentos de un poder. Los que se esconden o disfrazan lo que piensan, puede que no lleguen a ser buenos escritores, pero sí buenos funcionarios y/o políticos. No son todos los que están, ni están todos los que son. Claro que toda regla tiene sus excepciones y sanciones. Nadie es revolucionario o disidente hasta que te demuestran lo contrario. Perro que ladra, lo muerden. Este es mi testamento o mi tendencia a estas alturas. No lo olviden.

Nostalgia de Jose Antonio Gutierrez Caballero

 Cuba  

SEPTIMO DIA

Publicado el domingo 17 de febrero del 2008

LAS ESCANDALOSAS ARTES DEL PLAGIO

 DE UNA ESCRITORA OFICIAL CUBANA

 

 

WILFREDO CANCIO ISLA

El Nuevo Herald  

 

Jose Antonio Gutierrez en El Nuevo Herald en febrero del 2008

ROBERTO KOLTUN. Cazador de plagios.

El poeta y ensayista Jose Antonio Gutierrez,

residente en Miami, muestra su libro El tesoro encontrado.

Veinte años después de protagonizar el mayor escándalo por plagio literario en la historia cubana contemporánea, la autora de libros infantiles Alga Marina Elizagaray está de vuelta en la vida pública como si el recuerdo de sus apropiaciones textuales se hubiera esfumado. Elizagaray, de 72 años, participa estos días en las actividades de la XVII Feria Internacional del Libro de La Habana, donde presentará su título Se hace camino al leer, publicado por la Editorial Oriente, y hablará en un panel sobre literatura infantil. La ex funcionaria y prolífica autora parece renacer de sus propias ruinas intelectuales con el respaldo de las instituciones oficiales, como si nada hubiese ocurrido con su nombre y conducta.

La memoria ha quedado en la trastienda del Ministerio de Cultura y la Unión de Escritores de Artistas de Cuba (UNEAC), entidades promotoras de la feria habanera que ahora catapulta a Elizagaray como prominente escritora de textos infantiles. Fue precisamente el Consejo Nacional de la UNEAC el que emitió un fallo en 1989 confirmando la expulsión definitiva de Elizagaray del organismo por “utilización inescrupulosa de textos ajenos en buena parte de su obra publicada”. La nota de la UNEAC, aparecida en La Gaceta de Cuba, daba cuenta de que la decisión se ratificó después de la intervención de una Comisión de Etica y del Ejecutivo de la asociación, que investigaron exhaustivamente las alegaciones presentadas en su contra y acordaron “la separación de la mencionada escritora al comprobarse la veracidad de los hechos imputados”. Los sucesos se remontan a julio de 1988, cuando el poeta e investigador literario José Antonio Gutiérrez presentó a la dirección de la UNEAC un documento con abrumadora evidencia de que toda la obra escrita de Elizagaray era un calco de reconocidos escritores cubanos y extranjeros. La pesquisa de Gutiérrez arrojó que la autora había incorporado en sus escritos textos casi idénticos de 44 libros y 36 autores, entre ellos los narradores y estudiosos del folclor afrocubano Ramón Guirao (1908-1949) y Lydia Cabrera (1899-1991). El estudio de Gutiérrez se sustentó fundamentalmente en los plagios a los cuentos de Guirao y Cabrera, quien marchó al exilio en 1960 y vivió en Miami hasta su muerte. ”Era un caso sin escapatoria posible”, recordó Gutiérrez, que reside en Miami desde el 2006. “Cuando le llevé el informe al entonces presidente de la UNEAC, Abel Prieto [hoy Ministro de Cultura y miembro del Buró Político], dijo que era algo que daba asco”. Elizagaray se defendió diciendo que había sido ”víctima del vampirismo de un grupúsculo de la UNEAC”, pero las pruebas fueron contundentes. 

Primera parte del articulo sobre los plagios de El Nuevo Herald

Tras casi un año de análisis interno en la UNEAC, incluyendo las valoraciones de una comisión de especialistas que acogió la apelación de Elizagaray, se decidió separarla de la entidad en junio de 1989.

Gutiérrez dice que le prometieron publicar su trabajo investigativo, pero finalmente se engavetó en medio de gran oposición de figuras como la ensayista Graziella Pogolotti, vicepresidenta de la UNEAC, y el escritor Miguel Barnet, quien temía que Cabrera pudiera demandar a las editoriales cubanas. El Monte, obra capital de Cabrera, se editó en Cuba sin su consentimiento en 1989.

Algunos de los ejemplos contrastados por Gutiérrez hablan elocuentemente de los estragos literarios de Elizagaray. El fragmento que sigue es una ”recreación” del folclor para niños, aparecido en su libro Fábulas cubanas (1985):

Era una Oreja que había venido a menos. Una Oreja muy pobre y de contra tan apegada a tambores, guitarras, maracas, tambores y toda clase de instrumentos musicales, que se olvidaba de vender a buen precio la cerilla. Los comentarios entre sus amistades eran siempre los mismos: que la Oreja en el bembé, que la Oreja en las rumbantelas, que la Oreja en la fiesta de Ochá…Bueno, para no cansarles, el caso es que esta Oreja estaba siempre dondequiera que hubiera alboroto y tiroriro. Y mientras tanto… la Oreja iba debiendo tres meses del alquiler de su casa. 

En el original de La Oreja y el Mosquito, incluido en el volumen Cuentos Negros de Cuba, inicialmente publicado por Cabrera en París en 1936 y reeditado en La Habana en 1961, reza:

Era una Oreja que había venido a menos. Una Oreja muy pobre y de contra tan prendada de tambores, guitarras, timbales, guayos y maracas, que se olvidaba de vender a buen precio su cerilla. O dándosela a crédito a alguna beata de su parroquia para la lamparilla de sus Santos, no se acordaba luego de cobrarla. Que la Oreja en el bembé, la Oreja en la fiesta de Ocha, la Oreja en las rumbantelas, la Oreja en las Claves –dondequiera que había tiroriro y… la Oreja iba debiendo tres meses de alquiler de casa.

Elizagaray se ”inspiró” también en varios de los más notables cuentos afrocubanos de Guirao, como Obatalá y Orula, que la autora titula como Orula miente y no miente, que parafrasea a partir de otro relato original de Cabrera (Obbara miente y no miente). Este es el texto de Elizagaray:

Hacía mucho tiempo que el gran Obatalá, rey de reyes, venía observando que Orula tenía mucha imaginación… En más de una ocasión pensó entregarle el mando del mundo, pero cuando reflexionaba detenidamente su propósito desistía, porque consideraba que Orula era demasiado joven para una misión de tanta importancia, a pesar del buen juicio y de la seriedad de sus palabras y actos, un día, el gran Obatalá quiso saber si Orula era tan listo como parecía y le ordenó: 

–Prepárame la mejor comida que puedas imaginarte.

Así aparece en el original de Guirao, en Cuentos y leyendas negras de Cuba (1942):

Hacía mucho tiempo que Obatalá venía observando lo imaginativo que era Orula… En más de una ocasión, pensó entregarle el mando del mundo, pero cuando reflexionaba detenidamente su propósito desistía, porque Orula era demasiado joven para una misión de tanta importancia, a pesar del buen juicio y seriedad de todos sus actos. Un día, Obatalá quiso saber si Orula era tan capaz como aparentaba, y le ordenó que preparara la mejor comida que se pudiera hacer.

Imposibilitado de publicar sus denuncias en Cuba, Gutiérrez decidió presentar las conclusiones del caso en el magazine cultural venezolano La Hora O, a fines de 1993. Para esa fecha, Elizagaray comenzaba a reinventar su trayectoria literaria como personalidad invitada al I Coloquio Internacional de Literatura Infantil, efectuado en Caracas, Venezuela, del 5 al 9 de octubre de 1993.

Segunda parte del articulo sobre los plagios de El Nuevo Herald

Gutiérrez había sido inicialmente invitado al evento, pero por razones desconocidas el pasaje nunca le llegó a la Isla Margarita, donde se encontraba con una gira artística. El escritor residió en Venezuela 13 años antes de venir a Estados Unidos.

La copiosa bibliografía producida por Elizagaray no se ha editado sólo en Cuba, sino que figura en los catálogos de editoriales europeas y latinoamericanas desde finales de los años 70. Su título Fábulas Cubanas, con narraciones apropiadas de Guirao y Cabrera, se publicó por la casa checa Mlade Leta en 1979 como Zazracay (El prodigioso montecillo Mambiala) y en 1988 apareció en una edición mexicana como Fábulas del Caribe.

Justamente el libro que se presentó este sábado en la Feria del Libro de La Habana, Se hace camino al leer, ya había sido publicado en Venezuela en el 2005 y contiene varios textos copiados del volumen Tres siglos de literatura infantil europea (1982), de Bettina Hurlimann.

Gutiérrez considera que la actitud plagiaria de Elizagaray descubre a una persona desenfrenada, como quien padece una patología.

”Es algo patético”, dijo Gutiérrez, de 49 años. “Avanzando en la pesquisa nos percatamos de que no sólo se apropiaba de los textos de autores reconocidos, sino que también copiaba textos de las revistas Sputnik y Literatura Soviética, cuentos inéditos de participantes en concursos, actas de los jurados, en fin, una verdadera enfermedad”.

La carrera de Elizagaray en el ámbito de la literatura infantil fue meteórica. De profesora de segunda enseñanza en los albores de la revolución de Fidel Castro, pasó a figurar en 1967 como investigadora de literatura juvenil en la Biblioteca Nacional José Martí y poco después ganó un premio nacional de ensayo por el libro En torno a la literatura infantil (1974), que contiene múltiples plagios de obras literarias ajenas.

Para los años 80, Elizagaray era no sólo una escritora pertinaz, sino que había asumido además el papel de funcionaria como asesora principal del Ministerio de Cultura para la literatura infantil. Su palabra era escuchada por todas las editoriales de libros para niños y jóvenes en el país, además de figurar como consejera del tema ante la UNESCO y dirigir el Comité Cubano de la YBBY, organismo internacional para la promoción del libro infantil.

Sólo en seis meses de 1988 –año del escándalo– había viajado al extranjero en 27 ocasiones.

Su regreso a los primeros planos de la vida cultural cubana parece un hecho. El miércoles se le vio en el grupo de personalidades y funcionarios que rodearon al gobernante interino Raúl Castro durante la inauguración de la Feria del Libro en la fortaleza de La Cabaña.

“La gente quiere olvidar eso, son síntomas de los tiempos que corren en este país”, comentó desde La Habana un escritor y ex funcionario de la UNEAC. “Todo el mundo sabe lo que pasó, pero nadie quiere seguir esa batalla”.

Pero Gutiérrez cree que se trata de un acto deshonroso.

”Ella no ha sido más que una funcionaria ligada al status quo del régimen”, aseveró Gutiérrez. “No habrá justicia plena hasta que Cuba no reconozca públicamente que Alga Marina Elizagaray es un falso valor que hizo su obra plagiando a Lydia Cabrera y a todo el mundo”.

La Balanza de la Justicia de Libra

Tercera parte del articulo sobre los plagios de El Nuevo Herald

Guerrero de las letras