ANTECEDENTES DE “LA EDAD DE ORO” EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ, A LAS PUERTAS DEL 120 ANIVERSARIO DEL FAMOSO MENSUARIO PARA NIÑOS


Si se consulta detenidamente el epistolario de José Martí a Manuel Mercado, han de encontrarse antecedentes de la labor martiana para niños, pues, desde 1886, ya el poeta le comunica a su amigo, entusiasmado:

Portada Anunciadora de LA EDAD DE ORO, de José Martí, 1889.

Por la carta y por Pablo Macedo sabrá que, a lo modesto y principiante, tengo el pensamiento de hacerme editor de libros baratos y útiles, de educación y materias que la ayuden, cuyos libros puedan hacerse aquí en armonía con la naturaleza y necesidades de nuestros pueblos, y economía de quien trabaja en lo propio, y venderse, en México principalmente, con un margen de escasísimo provecho. Pero lo que V. no sabe es que ésta no es en mí idea nueva, sino en cuanto a la posibilidad de su inmediata realización; —que a este fin, como si ya no tuviera otro natural, me vengo preparando con un estudio cuidadoso de los menores detalles, desde hace muchos años; —que, aparte de toda situación mía actual, me siento capaz de levantar en este hermoso ramo una empresa benéfica y productiva; —que contra mi costumbre, desde que Macedo me habló de éste como realizable, al decirle yo cómo tenía estudiado el asunto, no pienso en otra cosa, y la doy por hecha; —que tan convencido estoy del bien que podría hacer, y el giro útil que podría dar al caudal puesto en ello, que en esto sí me propongo ser porfiado e incansable, y no parar hasta tenerlo conseguido. —Ir tratando será lo primero, con ahorros de judío, de lo poquito que haya para comenzar.1

José Martí, el Padrazo de La Edad de Oro...

Y seguidamente anuncia así casi un Prospecto de la citada colección:

Ya yo sé los libros vivos que nuestras tierras necesitan y piden, y no tienen, ni hay aun quien les dé: y los iré publicando de manera que, desde el principio, México los vaya obteniendo al precio estrictamente necesario para cubrir los gastos. Los provechos vendrán de la venta en los demás países. Al fin, estos libros útiles, con ediciones sucesivas, vendrán a reducirse a un precio tal, que no habrá quien no pueda hacerse de ellos. La competencia no es de temer —primero, porque estos libros serán muy distintos de cuantos en esa línea van publicados,—libros humanos y palpitantes,—no meros textos, sino explicaciones de la vida y sus elementos, y preparaciones para luchar con ella—la esencia y flor de todo lo moderno:—después, porque como esta empresa sólo será de lucro moderado y honesto, siempre podrá abaratar sus productos mucho más que las que no se conforman sino con grandes provechos.—Eso si que me resucitará, y me sacará de la vergüenza en que ando. Esa idea me satisface y regocija, y no entra en este contexto ni por un ápice mi necesidad actual de asegurarme un quehacer menos mortal y angustioso que el que, con escasos intervalos, he tenido hasta ahora.2

Al final de la carta que dirige José Martí a su amigo, desde Nueva York, aflora el superobjetivo de toda empresa bibliográfica:

Nada más puedo hacer si he de salvarme, con esta naturaleza mía en que las corrientes del espíritu dan con tanta furia, que esa especie de nobles labores donde a un tiempo puedo satisfacer mi ansia de hacer bien, mejorar con esa alegría mi salud rota, y amasar un pan para mañana.3

José Martí, el transgresor de la Modernidad Hispanoamericana...

En esa carta del 22 de abril de 1886, ese hombre de La Edad de Oro explica que para “eso estoy preparado. En eso tengo fuerza, originalidad y práctica. Ese es mi camino. Tengo fe y gozo en eso”, 4 mientras que en otra, con fecha 2 de octubre de ese mismo año, hace constar ante su hermano Manuel Mercado:

Aún no he podido sentar de lleno a esta labor querida. Será como una Bolsa de nuestros pueblos, a propósito de sus libros y de sus hombres; y lo de aquí que crea yo que les puede interesar allá, y por lo muy local no puedo poner en las correspondencias; y cuanto nuevo y útil vea sobre instrucción pública: y lo de Europa que se sepa aquí antes, pero todo escrito con pluma de ave, de modo que no le quite el tono de cosa viva y del día al periódico.5

Y en la misiva que cursa a su amigo mexicano el 8 de agosto de 1887, vuelve a comentar de esta obsesión que lo ocupa durante horas enteras, labor no emprendida, pero perfilada en todos sus detalles:

Ya Pablo le diría, y yo a U. en su carta o cartas de entonces le dije que, después de medir y pesar, mi propósito era, aprovechando el cariño con que se ve ya mi nombre, lo que sé del negocio en su práctica, y cierta capacidad para él con que me encuentro, a más de serme oficio gratísimo, publicar libros, modestos y pocos primero, con sistema y propósito adecuándolos a las necesidades y carácter de las tierras que amo, favoreciendo con la venta de libros amenos la de los de educación, hasta que pueda desenvolver sin imprudencia los planes que casi desde mi niñez he venido meditando en uno y otro país, y en materia como ésa son naturalmente vastos. Así, sirviendo a los demás, me salvo, salvo aquella fatal necesidad mía de vivir con menor dependencia de los demás de lo que es usual e indispensable entre los hombres (…)6

José Martí, el Apóstol...

En esa carta, brinda José Martí un dato interesante, que conviene tener en cuenta a la hora de comprender los resultados de esta empresa editorial martiana, antecedente de la Revista de Recreo e Instrucción La Edad de Oro:

Bueno, pues, con toda voluntad quiso ayudarme Pablo, y no pudo. Como yo tengo en todo lo que hace a mí, sobre todo en cosa de dineros, la reserva absoluta que puede hacer creer a los que ven resignado y contento —en una verdadera prosperidad, no obtuve aquí, como que no la pedí a nadie, la suma necesaria para comenzar mi empresa. Pero, ayudándome con un trabajo extraordinario que me tuvo ocupado dos meses, ya puedo a medias hacer por mí lo que anhelo, y tengo en prensa mi primer libro, Ramona. Lo escogí, quiero decírselo, porque es un libro de México, escrito por una americana de nobilísimo corazón, para pintar, con gracia de idilio y color nuestro, lo que padeció el indio de California, y California misma, al entrar al poder de los americanos. Es novela, no historia, novela discretísima, y sin aspavientos de elegía, ni más pasiones que las nobles.7

Hasta aquí se sabe que constituye Ramona, según palabras de José Martí, uno de esos “libros amenos” con los cuales puede llegar a favorecer “la venta de los de educación”. Sin embargo, no se ha encontrado en su epistolario, ni en su extensa papelería, noticia alguna de qué materiales son los que integran este segundo grupo, aunque pueden situarse como antecedentes, por un lado, Mis hijos (1875), de Víctor Hugo, y Misterio (1886), de Hugh Conway; y por otro, Antigüedades griegas (1883), de J. P. Mahaffy; Antigüedades Romanas (1883), de A. S. Wilkins, así como Nociones de lógica (1885), de W. Stanley Jevons, al considerar sus propios criterios de “que ésta no es una idea nueva, sino en cuanto a la posibilidad de su inmediata realización”.

José Martí y su naturaleza patriótica cubana...

Sólo se da cuenta del proyecto editorial y los posibles países que van a apoyar ese empeño del hombre de La Edad de Oro, en la carta enviada a Manuel Mercado el 26 de julio de 1888:

Y ésta es la base de mi empresa editorial, que preparo tenazmente, y de lo que, cuando ascienda a mi plan de libros de educación, hemos de hablar muy de largo,—¡ quién sabe si de vernos! Por ahí me empleo: por donde pueda ser útil. Y acabaré por vivir como los emperadores persas: con una ciudad para el verano y otra para el invierno. No crea. Preparo un trabajo vasto. Creo que me han de ayudar también la América Central en algo, y en mucho la Argentina.8

Imaginando al padre de LA EDAD DE ORO...

Sin dudas, esta labor de emancipación cultural, de descolonización y ampliación del horizonte cognoscitivo de los niños y jóvenes latinoamericanos, esta “campaña de propaganda activa y discreta”, al no encauzarse inmediatamente —como quiere José Martí—, se vuelca en La Edad de Oro, respuesta rápida y definitiva “para compensar lo mucho falso que se publica, que es todo leña para la hoguera de mañana”,9 pero también porque:

¡Qué habilidad, qué sutil y constante vigilancia no se necesita para aprovechar todos los momentos favorables e impedir que esas ideas tomen demasiado cuerpo! ¡Qué periódico inglés, moderado y activo, no habría publicado yo, si no fuera esta idea con mis medios un verdadero sueño! Porque lo doloroso es que veo de todas partes la agresión, y de ninguna la resistencia. Y aun me sorprende tener noticia de la amistad íntima de los mismos encargados de velar por nuestras tierras, con algunos de los más enérgicos en propagar, y en costear la propagación de las doctrinas que les son contrarias! La acometida va a ser muy rigurosa. Y no veo la defensa. Ni entre mis mismos cubanos la veo, y aun son ellos los que, llevados de un amor ciego a la libertad, se prestan a servir de instrumentos a los que sólo saben desdeñarlos.10

El alcance fundacional de José Martí, en La Edad de Oro...

De los preparativos de La Edad de Oro nada se sabe, pues la carta martiana que se conserva data del 3 de agosto de 1889, y en ella no se habla de los albores, sino de la realización misma y del destino de sus ejemplares, es decir, como obra en sí, en manos del receptor. Por el comentario inicial del poeta cubano, parece ser que existe una misiva anterior —posiblemente del mes de julio—, no recibida por Manuel Mercado, o tal vez no adquirida por los investigadores aún:

Esta es la carta semioficial que le anuncio en la mía anterior, para darle cuenta de que hoy quedan puestos en el correo a su dirección —nombre sin señas— quinientos ejemplares del primer número de “La Edad de Oro”. No quiero robarle tiempo repitiéndole lo que allí le digo: —que entro en esta empresa con mucha fe, y como cosa seria y útil, a la que la humildad de la forma no quita cierta importancia de pensamiento; —que le ruego que, en su capacidad personal, ayude a “La Edad de Oro” en México como si fuera cosa de Ud., pero de manera que no le emplee tiempo, sino vigilancia y cariño; —que le haga, al editor y a mí, el favor de poner sin demora estos 500 números, menos los que Ud. Quiera distribuir por sí, en manos de un agente central que los reparta por las ciudades principales, en manos del que sirvió para “Ramona”, por ejemplo; —que con ayuda de las circulares y cartelones que por separado le envío, vigile porque el agente haga de modo que sus esfuerzos coadyuven a los que desde aquí hará la Administración para atraer la atención del público y de los gobiernos sobre una empresa en que he consentido entrar, porque, mientras me llega la hora de morir en otra mayor, como deseo ardientemente, en ésta puedo al menos, a la vez que ayudar al sustento con decoro, poner de manera que sea durable y útil todo lo que a pura sangre me ha ido madurando en el alma.11

Evocación de José Martí, en La Edad de Oro...

Tratando de encontrar un precedente de esta labor martiana durante los meses previos a la salida de La Edad de Oro, se ha tomado en cuenta la carta que envía José Martí a su amigo Mercado el 21 de marzo de 1889:

Yo he estado ocupadísimo este mes pasado, con una traducción en verso que está para salir a la luz, y de la que recibirá U. las primicias, —con cosas de nuestra tierra, que ha sido en estos días más maltratada de lo que suele, con el pensamiento, que he de realizar, de publicar aquí un periódico en inglés, en defensa moderada y enérgica, personal y libre, de nuestros países, y más que todo, que Carmen retiene en Cuba ya más de lo justo, deseosa acaso de obligarme a imponerle su vuelta a Nueva York, que es cosa que yo dejo a su voluntad, y que no puedo imponerle en justicia. Vivo con el corazón clavado desde hace muchos años.12

Portada de una de las ediciones recientes de La Edad de Oro, que es revista, pero como libro...

Seguramente, el poema traducido del que habla Martí es “Lalla Rookh”, de Tomás Moore, que los biógrafos se empeñan en ubicar dentro de los quehaceres que emprende el Maestro en febrero de 1888.13 Ahora bien, salvo el dato de que va a ser “en inglés”, todo se ajusta a la empresa dedicada al recreo y la instrucción de los niños en América, máxime cuando los detalles coinciden con el período comprendido entre la publicación de la carta escrita por el poeta el mismo día de la que cursa a su amigo mexicano Manuel Mercado, titulada “Vindicación de Cuba”, y la fecha de salida del primer número de La Edad de Oro. En el párrafo siguiente a las palabras citadas, puede leerse:

En las cosas de nuestra tierra se me ha calmado un poco el dolor, por el júbilo con que acogen mis paisanos la defensa de nuestro país que escribí, en la lengua picuda, de un arranque de pena: y parece que impuso respeto. Se la mando, para que Manuel se la traduzca. Este incidente viene a ayudarme para la publicación de mi periódico, que por poco que cueste, me ha de costar mucho más de lo que tengo. Con que se pague ¿qué me importa el trabajo, si es por nuestras tierras? Lo que quiero es demostrar que somos pueblos buenos, laboriosos y capaces. A cada ofensa, una respuesta, del tipo de la que le mando, y más eficaz por su moderación. A cada aserción falsa sobre nuestros países, la corrección al pie. A cada defecto, justo en apariencia, que se nos eche en cara, la explicación histórica que lo excusa, y la prueba de la capacidad de remediarlo. Sin defender no sé vivir. Me parecería que cometía una culpa, y que faltaba a mi deber, si no pudiese realizar este pensamiento.14

José Martí, el patriota de La Edad de Oro...

Aunque puede ser también que José Martí ha concebido una publicación del tipo que reseña en las palabras anteriores, pero , al no poder costear la misma, recibe la propuesta del “Editor, que pone en esto un serio capital, y es aquel caballero modesto que representaba a la Compañía de Seguros de la New York cuando tenía yo la fortuna de estar cerca de Ud., y daba Guasp aquellos dramas de Peón, que no tenían concurrente más asiduo, ni comprador más tempranero, que Da Costa Gómez.”15 Enseguida se da a la tarea de reunir fuerzas para el nuevo empeño, aunque siempre con el escepticismo que provocan las condiciones reales, que una y otra vez lo han hecho cejar, o al menos interrumpir su magno proyecto:

Yo no quiero que esta empresa se venga a tierra.

………………………………………………………………….

No parece, de veras, que venga al mundo “La Edad de Oro”, —que es título de Da Costa, con muy malos auspicios.16

José Martí e Ismaelillo, el Niño implícito de La Edad de Oro...

Es, precisamente, en La Edad de Oro, donde se recibe a un José Martí inmerso ya, en la prédica y la acción revolucionaria, que ha concebido una verdadera táctica y estrategia políticas, a través de un nuevo signo estético.

Con Ismaelillo el lector asiste a las primeras luces de un padre, que quiere fundar la virtud en la tierra de su hijo ausente, que espera con esta “obrilla” alertar a su “príncipe enano” de esos “tábanos fieros” y “lóbregos antros” que colman el escenario real de su país; y encuentra, muy a gusto, en medio de sinsabores familiares y primeros planes independentistas, la “musa nueva”, que le permite renovar un arte poética, automatizada por el uso, el abuso, el conservadurismo artístico y la retórica de la época. En La Edad de Oro late el criterio de que es importante “fundar” una nación, y para ello se necesitan hombres libres de pensamiento, Ismaelillos originales, que se lancen a la conquista de los nuevos tiempos. Es Abraham (Martí), quien debe preparar a los futuros hombres de la patria grande.

En su proyecto táctico, no escapa de la visión martiana lo relativo a la preparación adecuada y sistemática de las nuevas generaciones, del papel histórico de estos Ismaelillos, por la defensa de la nación fundada. Comprende ese hombre de La Edad de Oro que, para ello, se hace necesaria la conformación de una determinada sensibilidad, espíritu crítico, amplitud de conocimientos y apertura científica. Esta labor de formación, al asumir, como Abraham, el destino de la patria, tiene en Martí un doble carácter: crear en el lector infantil el ideal estético, de acuerdo con la nueva literatura que ya se afianza en el continente, y de la cual es máximo portador, así como, en la misma medida en que esto propicia y favorece la comunicación diáfana con su receptor potencial, difundir las ideas más avanzadas sobre el devenir social que posee el autor, durante ese tiempo, constituyéndose en el gran transgresor del siglo XIX hispanoamericano, que no ha sido superado hasta nuestros días.

José Martí, el Visionario de La Edad de Oro...

Notas al margen

1 V. José Martí: O. C., t. 20, p. 89.

2 Ibíd., p. 89-90.

3 Ibíd., p. 92.

4 Ibíd., p. 90.

5 Ibíd., p. 99.

6 Ibíd., p. 112.

7 Ibíd.

8 Ibíd., p. 130.

9 Ibíd., p. 103.

10 Ibíd., p. 124-125.

11 Ibíd., p. 146.

12 Ibíd., p. 139.

13 Gonzalo de Quesada consigna como fecha probable de traducción de este poema, el mes de febrero de 1888. Todo parece indicar que hay una equivocación también en el t. 27 de las Obras completas de José Martí, cuando se indica lo mismo en la cronología. Por los datos que se han acumulado al respecto resulta más acertado considerar las palabras del Maestro, y ubicar el trabajo de traducción del poema “Lalla Rookh”, de Tomás Moore, en el mes de febrero de 1889.

14 José Martí: O. C., t, 20, p, 139.

15 Ibíd., p. 146.

16 Ibíd., pp. 146-147.

Tomado de la monografía ESE NIÑO DE LA EDAD DE ORO (1998), de José Antonio Gutiérrez Caballero, Premio Especial del Centenario 1989, del Concurso La Edad de Oro, del Ministerio de Cultura de Cuba, en 1989.

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7 comentarios to “ANTECEDENTES DE “LA EDAD DE ORO” EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ, A LAS PUERTAS DEL 120 ANIVERSARIO DEL FAMOSO MENSUARIO PARA NIÑOS”

  1. Hijo:

    Espantado de todo, me refugio en ti.
    Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
    Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos.
    Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte.
    Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
    ¡Lleguen al tuyo
    !
    José Martí
    Prologo a su libro Ismaelillo.
    Muy bueno este post.
    Un beso,
    Esperanza.

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  2. Es hermoso conocer la historia de este magnífico Hombre, cuya vida, el régimen de La Habana, trata de usar para sus propios fines.
    Adentrarse en el espíritu del Patriota es conocer la verdadera Cuba.
    Gracias.

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  3. Darío Horta Says:

    Continuando con el asunto de la revista martiana, me gusta la manera en que usted, Josán, se adentra en el mundo del escritor cubano e investiga los antecedentes en su propia obra y en su labor como traductor, periodista y editor de muchas obras de su época, e incluso las suyas, que demuestran a un gran creador en José Martí, pero también en su manera de investigarlo.

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  4. Hermes Miguel Says:

    Un acercamiento muy serio a este tema, con hallazgos interesantes, que te comprometen, Josán, a seguir entregándonos más y más. Es José Martí, sin lugar a dudas, la figura más importante del siglo XIX hispanoamericano, en cuanto a creador y patriota, un verdadero transgresor, como has dicho en otra parte.

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  5. Evaristo Jiménez Says:

    Un estudio muy detallado el suyo, Josán, que no había leído en ninguna otra parte, pues se preocupa de cómo José Martí fue preparando, con su obra, las diferentes etapas de desarrollo como maestro que desemboca en la Revista La Edad de Oro, la mejor muestra de literatura infantil de cualquier tiempo. Me agrada mucho la manera en que asume la investigación, sin miedo a determinar en qué lugares se han equivocado otros críticos, al señalar épocas y nombres. Eso es lo que hay que hacer, no tenemos por qué aceptar lo ya hecho en los estudios históricos, como lo válido, ya sabemos cuántos errores y tergiversaciones hay, y tantas que debe haber…

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  6. Felicia Gadea Says:

    Qué buenos antecedentes has investigado y encontrado en la misma obra de Martí, querido Josán. Si hubieran muchos investigadores como tú, ya se habrían cambiado muchos de los conceptos arcaícos que hay sobre la historia y la literatura cubana. Te exhorto a que nos muestres más trabajos de este tipo, y a que los des a conocer, por favor, nos hacen falta.

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  7. Heriberto Estévez Says:

    Este es otro de los temas apasionantes de la literatura cuba, que tiene mucho por estudiar y desarrollarse, y usted lo hace muy bien, señor Josán Caballero, así que no nos prive de esos estudios que ha hecho sobre José Martí, que por algo ganó el premio del Centenario de La Edad de Oro, en Cuba. Díganos qué sigue, compañero…

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