120 AÑOS DE LA GENIALIDAD MARTIANA EN LA EDAD DE ORO


La Edad de Oro Hoy

Celebrando la salida del Cuarto Número de su mensuario para niños, el 1 de octubre de 1889.

Una portada reciente de La Edad de Oro, ya editada como libro infantil, en el blog de Yamil Cuéllar.

En la Revista La Edad de Oro, de José Martí, late el criterio de que es importante “fundar” una nación, y para ello se necesitan hombres libres de pensamiento, Ismaelillos originales, que se lancen a la conquista de los nuevos tiempos. Es Abraham (Martí), quien debe preparar a los futuros hombres de la patria grande.

Martí, de Aldo Soler.

En su proyecto táctico, no escapa de la visión martiana lo relativo a la preparación adecuada y sistemática de las nuevas generaciones, del papel histórico de estos Ismaelillos, por la defensa de la nación fundada. Comprende ese hombre de La Edad de Oro que, para ello, se hace necesaria la conformación de una determinada sensibilidad, espíritu crítico, amplitud de conocimientos y apertura científica. Esta labor de formación, al asumir, como Abraham, el destino de la patria, tiene en Martí un doble carácter: crear en el lector infantil el ideal estético, de acuerdo con la nueva literatura que ya se afianza en el continente, y de la cual es máximo portador, así como, en la misma medida en que esto propicia y favorece la comunicación diáfana con su receptor potencial, difundir las ideas más avanzadas sobre el devenir social que, en ese tiempo, posee el autor.

La propia estructuración del poemario de 1882 y la revista de 1889 evidencian dos códigos diferentes para la recepción infantil. Aunque, en la actualidad, La Edad de Oro reúna sus cuatro números en forma de libro, es en verdad un mensuario para niños, mientras que Ismaelillo está conformado como un cuaderno de versos, en el que José Martí asume su hijo como objeto poético, y funde la naturaleza de sus relaciones y sentimientos paternos, así como sus valoraciones del entorno, en el sustrato alegórico del texto, con lo cual encuentra los primeros resortes de una literatura por la que no ha transitado antes, reclamando así al pequeño como destinatario.

Si por elementos de diversa índole, ambas obras son la consecuencia de actitudes creativas, condiciones socio-culturales y funciones diferentes, del mismo modo se acercan por su uniforme empeño de continuidad y ruptura con respecto a la tradición y a la producción martiana en general.

Evidentemente, La Edad de Oro es una revista partidista y transgresora. El poeta de acción se encarga de hacerlo constar en la carta del 3 de agosto de 1889, cuando explica a Manuel Mercado:

                             Verá por la circular que lleva pensamiento hondo y ya que me la echo a cuestas, que no es poco peso, ha de ser para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos retóricos, o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra parte del mundo. El abono se puede traer de otras partes; pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo, y hombres de América. Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa. A Ud. no le va a parecer mal, y va a hallarle a Da Costa la persona empeñosa que necesita crearle al periódico un número extenso de lectores en la República.1

Según propone el propio Martí a su amigo, sólo con leer la nombrada “circular” saltan a la vista los rasgos esenciales y el alcance del programa de revaloración estética propuesto. Si se analizan por párrafos, el Prospecto de La Edad de Oro contiene lo siguiente:

Portada de La Edad de Oro...

La Edad de Oro

Publicación mensual

de Recreo e Instrucción

dedicada a los niños de América.

Editor: A. Da Costa Gómez.

Redactor: José Martí.

Administración: William Street 77

New York

I: Frecuencia, lugar, destinatario y propósito de la publicación

—Cada primero de mes.

—Se publica en Nueva York.

—Para niños y niñas.

—Con artículos completos y propios, y compuesto de manera que responda a las necesidades especiales de los países de lengua española en América

—Contribuir directa y agradablemente a la instrucción ordenada y útil, sin traducciones vanas.

II: Carácter y propuesta ideoestética de la revista

—Libro que ocupe y regocije, que enseñe sin fatiga, que cuente en resumen pintoresco lo pasado y lo contemporáneo.

—Estimular por igual las facultades mentales y físicas.

—Amar al sentimiento más que lo sentimental.

—Reemplazar la poesía enfermiza y retórica aún en boga, por la sana y útil, que nace del conocimiento del mundo.

—Estudiar preferentemente las leyes, agentes e historia de la tierra donde nace y trabaja.

III. Estructura interna. Géneros y temáticas de la revista

—En lectura que interesa como un cuento.

—Artículos, que son verdaderos resúmenes de ciencias, industrias, artes, historia y literatura.

—Artículos de viajes, biografías, descripciones de juegos y de costumbres.

—Fábulas y versos.

—Los temas, por mucha doctrina que lleven en sí, no parezca que la llevan.

—No alarmar al lector infantil con el título científico, ni el lenguaje aparatoso.

IV. Función de la publicación y material de apoyo e ilustraciones

—Los artículos irán acompañados de láminas de verdadero mérito, bien originales, bien reproducidas por los mejores métodos, escogidas de las obras de los buenos dibujantes.

—Para completar la materia escrita y hacer su enseñanza más fácil y duradera.

—Gran cuidado en la impresión y claridad.

—Que el periódico convide al niño a leerlo. Sea ejemplo vivo de limpieza, orden y arte.

V. Estructura externa, cantidad de páginas y condiciones de la publicación

—Fina tipografía y papel excelente.

—Numerosas láminas y viñetas de los mejores artistas.

—Reproducen escenas de costumbres, de juegos y de viajes, cuadros famosos, retratos de mujeres y hombres célebres, tipos notables, máquinas y aparatos usados actualmente en la industria y la ciencia.

VI. Gestión editorial y comercial de la revista

—Los números se venden sueltos.

—En las agencias del periódico y en las principales librerías del cada país.

—Precio a 25 centavos.

—Por un trimestre: 75 centavos.

—Por un semestre: 1 peso 50 centavos.

—Por un año: Tres pesos en oro americano.

José Martí y sus contextos en La Edad de Oro.

Si se repara en cada uno de los elementos apuntados con anterioridad, se hace evidente que el desvelo del redactor de La Edad de Oro recae en la concepción de un canal expresivo que apele a la sensibilidad y al gusto estético del niño y del adulto americanos. De este modo, la calidad, no sólo del contenido, sino también de la forma de presentarlo, se convierte en la garantía para una eficaz comunicación con el lector del continente.

Aparentemente, la gama de asuntos que se recoge en esta “empresa” martiana no difiere de otras publicaciones nacionales y extranjeras del momento. Pero, en este caso, la estructuración de la revista está encaminada a fijar en el pequeño destinatario determinadas zonas de interés permanente, a la manera de lo que hoy se concibe como secciones.

 Ese hombre de La Edad de Oro.

El esquema básico de esta estructura invariable es el que sigue

1. Un grabado anunciador de cada número.

2. Introducción o Editorial: Aparece en el primer número, a manera de prólogo. Constituye una conversación diáfana que entabla el redactor con su interlocutor, en la que emergen los objetivos de la publicación. Es el mismo tono presente en “La última página”.

3. Ilustraciones y viñetas; reproducidas y originales (distribuidas por toda la revista).

4. Artículos de arte o de historia. Biografías de niños y hombres célebres.

5. Poesías y fábulas intercaladas (originales y versiones o traducciones).

6. Crónicas de viajes y descripción de juegos, instrumentos y maquinarias.

7. Adaptaciones de cuentos folklóricos (de costumbres y de magia) y autores universales de la serie literaria infantil (Laboulaye, Andersen).

8. Cuentos originales con actitudes infantiles encontradas, en contraste (Bebé / Pilar — Nené / Piedad) y un cuento alegórico.

9. “La última página”: En ella el redactor comenta amistosamente con los niños sobre los materiales mostrados en el número, y adelanta títulos, anécdotas, datos de interés, de trabajos que se van a incluir en el siguiente, relacionándolos con algo ya conocido, u oponiéndolos, para permitir el despliegue de la reflexión. Según Martí, es el cuarto de confianza de La Edad de Oro; de ahí el tono íntimo, amistoso, que facilita la comunicación inmediata con el receptor de la revista.

He ahí algunas de las intenciones estructurales del escritor, quien pretende que su empresa sea “durable y útil”. Algo parecido comenta Martí a los pequeños en la introducción del primer número de la revista, redactada para consumo y ampliación del horizonte estético de las simientes de América: “A los niños que lean La Edad de Oro”. Y este “lean” no es casual. Sabe el poeta que no va a poder llegar a todos los sectores de la población infantil, pero al menos se propone educar desde la capas medias de la sociedad, las que en definitiva devoran parcial o totalmente las obras de arte literarias. No olvidar que es ésta una ardua etapa de difusión del ideario martiano en la emigración, y que el hombre de visión descolonizadora ha hecho cuanto está a su alcance para que se difundan y “entren” a la Isla los números de su revista. Véase si no la carta del 3 de agosto de 1889:

                         Déle una hora a este pensamiento, y póngalo en manos buenas. O, en caso de que no tuviera persona de actividad inmediata y de confianza a quien encomendarlo, como agente central, le ruego que haga enviar los paquetes, por cuenta de esta Administración, a las librerías nombradas en la lista adjunta, acompañándolos de copia de la carta inclusa con los términos de agencia, —aunque eso no es lo que yo desearía, sino que tomara esto a su cargo persona nueva, de americanismo nuestro, y de empuje. La Administración escribirá antes del 8 de este mes al Ministro de Instrucción Pública, y a los gobiernos de los Estados, como a los de todos los demás pueblos de América, sometiéndoles las ideas de “La Edad de Oro”, y pidiéndoles la protección que merezca a su juicio, que por poca que sea, le es de mucha importancia a esta empresa costosa. —Y cuando se reúna el famoso Congreso Pedagógico, que va a dejar más huellas que el mismo Congreso Político, a él y a cada uno de sus representantes le irá la circular y un número. —Al pueblo más infeliz ha de llegar este mensaje de cariño. —Ya de la frontera están llegando pedidos. De Jalapa escribe un joven de la Escuela Normal “lleno de alegría” porque puede suscribirse a “La Edad de Oro”. —Ud. conoce con qué ánimos entraré en esta labor y hará por no dejarme caer, a solas con mi pensamiento.2

Como puede observarse, nada den Martí, y especialmente su publicación de 1889, es fortuito. Todo en La Edad de Oro parece brotar de ese singular espíritu ético y estético del redactor.

El escritor de La Edad de Oro, José Martí.

En esta revista afloran el maestro y el padre, y junto a ellos, en síntesis, el revolucionario y el ideólogo, ocupado y comprometido con la causa libertadora. Cuando se habla de la unidad de su proyección es para plantear que no existe divorcio alguno, en el censuario, con los planteamientos anteriores y posteriores del poeta en acción. La vigencia y multilateralidad del pensamiento martiano pueden verse lo mismo en su entrañable Ismaelillo, en el Cuaderno de Apuntes de esta época, así como en sus labores de colaborador del periódico quincenal La Juventud (1889), que dirige Gonzalo de Quesada, y en la gran cantidad de artículos y reseñas críticas donde sella su impresión de la realidad, y que aparecen en las numerosas publicaciones del continente con las que mantiene correspondencia ese hombre de La Edad de Oro. En ellos se manifiesta la continuidad y la pureza de sus ideales. Lo más nuevo y radical del ideario martiano, en lo sociopolítico y cultural, cristaliza en el cuerpo de la “empresa”, pero, con un sentido distinto, polifuncional, que lo hace operar como motivo recurrente —o superobjetivo— en los diversos trabajos y epístolas que redacta el Maestro por esta fecha. Es el mismo sentimiento que anima al creador de “Madre América” (1889) a escribir y publicar en 1891, en la Revista Venezolana”, el ensayo “Nuestra América”:

                           Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas…

                           Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano, y si sale agrio, ¡es nuestro vino!3

En La Edad de Oro es también Martí un transgresor. No entiende a América como un conglomerado de pueblos, sino que se empeña en destacar la suma de su identidad, de la comunidad de “repúblicas” que, no por cercanas, están juntas en la historia. Por eso, desde el propio anuncio de la revista hace constar el programa de difusión ideológica y literaria que proyecta.

Con anterioridad a 1889, el poeta ha tenido la necesidad de ejercer el magisterio en colegios de diversas partes del continente. Esto le permite percatarse de los principios escolásticos sobre los que descansa la instrucción, que abruman al pequeño en las escuelas de la metrópoli, o de las repúblicas, remedos de aquéllas. Por ese tiempo ha desarrollado una profunda comprensión y sensibilidad sobre el universo del niño americano y de sus necesidades como mayoría potencial, destinataria de libros de lectura importados, o cuando más, fundados en el espíritu religioso de la época. Entiende Martí que hace falta crear obras, no sólo teniendo en cuenta el verdadero concepto de función, sino también necesidad, en relación con el receptor. Ese hombre de La Edad de Oro sabe que, urge componer textos originales y de apertura científica, de acuerdo con los avances tecnológicos alcanzados hasta el momento en el continente, pero también hay que formar, modelar, un sujeto para ese objeto. Y en ese doble sentido se encamina la labor pedagógica y revolucionaria martiana del período.

El redactor de la publicación de 1889 reconoce que el panorama hispanoamericano de la literatura para la infancia se encuentra ensombrecido por la mimesis y la retórica. Tal es el caso de las revistas españolas Los Niños (1883-1886), de Carlos Frontaura; El Museo de La Juventud y El Camarada (1887-1890), de Ramón Salinas, reproductoras de modelos franceses, que al no ser sino remedos de ediciones donde naufraga la originalidad y se yergue un contenido mediocre y de escaso vuelo en los textos, aportan poco, o inciertamente, al empeño renovador que ya se agudiza en la obra infantil martiana.

El Martí del pintor mexicano Diego Rivera.

Estructura externa y dosificación de La Edad de Oro

Géneros

Periodismo: Artículo, Biografía, Crónica, Reportaje

Poesías

Fábulas

Cuentos originales

Cuentos adaptados, versiones

Conversación amena. Supera el diálogo al uso, del catecismo.

Temáticas

Editorial

Hombres, Pueblos, Cultura, Ciencia, religión

Críticas sociales

Ética y Carácter

Actitudes infantiles encontradas

Todo en relación con los objetos: “técnica objetal”

Folklóricos (de magia o costumbres)

Variada, siempre en contrapunteo con los temas, asuntos y personajes tratados en cada número

Jose_Marti

Primer número

1 de julio de 1889

Grabado anunciador

“A los niños que lean “La Edad de Oro”

“Tres héroes (América y sus héroes: la libertado, el decoro y el deber)

“La Ilíada, de Homero” (conciencia mítica, panteísmo, cultura clásica, el héroe griego y su código ético-nobiliario)

“Un juego nuevo y otros viejos (la historia del juego, panteísmo de los griegos, la fantasía popular y el folklore universal)

“Dos milagros” (Paradoja: La belleza y la libertad, Lo feo aparente y la vida)

“Cada uno a su oficio” (Todo es relativo: Difieren los talentos a las veces)

“Bebé y el señor don Pomposo” (la diferencia social, la bondad, la arrogancia y la pobreza)

Bebé: la bondad

“Meñique” (el saber vale más que la fuerza)

“La última página” (el cuarto de confianza de La Edad de Oro).

Segundo número

1 de agosto de 1889

Grabado anunciador

“La historia del hombre contada por sus casas” (las edades y la arquitectura del hombre, la historia de la humanidad) “Músicos, poetas y pintores” (la vida de los hombres famosos, el arte y la cultura del ser humano en varias épocas, los géneros) “Ruinas indias” (el pasado prehispánico)

“Los dos príncipes” (contrastes sociales, la igualdad ante la muerte)

“La perla de la mora” (Autobiográfico: No se sabe lo que se tiene hasta que se pierde, el desdén, la soberbia.

“Nené Traviesa” (las travesuras y el descuido, una interpretación de la muerte)

Nené: el descuido

“La última página”.

Tercer número

1 de septiembre de 1889

Grabado anunciador

“La exposición de París” (un viaje al mundo y los conocimientos etnoculturales, antropológicos y científicos)

“Padre las Casas” (la religión cristiana, la conquista y la colonización en América. Una semblanza del defensor de los indios americanos)

“Los zapaticos de rosa” (la caridad de las familias ricas, cuadro costumbrista de diferentes clases, los contrastes sociales en una playa decimonónica)

Pilar: La caridad

“El camarón encantado (la cobardía y la avaricia rompen el saco)

“La última página”.

Cuarto número

1 de octubre de 1889

Grabado anunciador

“La muñeca negra” (la psicología infantil, la relación de un niño con sus juguetes y seres queridos)

Piedad: El cuidado

“Los dos ruiseñores” (la belleza y el arte natural y el artificio)

“La última página”.

José Martí al universo...

En los materiales que componen los cuatro números de La Edad de Oro, publicada entre julio y octubre de 1889, respectivamente, es donde se encuentran los principales elementos renovadores de la serie literaria infantil de la época, y que constituyen un paradigma para la literatura hispanoamericana. Éstos pueden resumirse del siguiente modo:

I. Ampliación del horizonte infantil, desde que apela por el conocimiento múltiple de las diferentes esferas de la realidad; literatura para niños con afán descolonizador.

II. Complejidad paulatina de los temas e ideas contenidos en la revista. Dosificación del material (ir de lo conocido a lo desconocido, de lo simple a lo complejo, de lo general a lo particular).

III. Inmersión ideológica, que propicia la búsqueda de los nexos esenciales de la realidad, ajena a todo misticismo.

IV. Nueva visión del problema americano (el indio, el acervo cultural, lo autóctono, “nuestras dolorosas repúblicas de América”, revalorización de la cultura continental, rescate de la cultura prehispánica, comprensión del proceso histórico-social de los pueblos latinoamericanos y otros países colonizados de Asia y África).

V. Ruptura de la norma genérica: ampliación de los horizontes del verso y la prosa (fábula, poesía, cuento-crónica, artículo, reportaje).

VI. La autenticidad y originalidad temática. El progresismo artístico. La verdad como principio esencial del hecho literario. La conquista moderna de la palabra justa. Función estético-ideológica del discurso literario. Fidelidad lingüística: “La lengua es jinete del pensamiento, y no su caballo”. La explicación metafórica, a través de la sencillez del símil, buscando una comunicación más íntima, más plena, más rápida con el interlocutor de la serie.

VII. Americanía y universalidad en los textos de la revista.

VIII. Funcionalidad comunicativa y estética del diseño y las ilustraciones de la revista, como un vehículo transmisor del conocimiento. Cuidado en la edición y la tipografía.

IX. El niño, no sólo como personaje episódico, objeto poético o tema, sino como individualidad social, como destinatario.

X. Revitalización y superación de lo tradicional hispánico. Visión de identidad.

Al señalar los aportes de esta publicación, debe hacerse no fuera del marco referencial, del contexto socio-político e ideoestético hispanoamericano que la condiciona, sino en controversia con la retórica hueca de una determinada literatura cerebral que se va extendiendo por el continente y que, paralizadora de la emoción y la espontaneidad, amenaza con minar empeños renovadores como del de José Martí. Corresponde a la genialidad y a la visión fundacional de se hombre de La Edad de Oro el haber proporcionado una obra, dotada de un sin igual humanismo y sensibilidad.

José Martí en el Parque Central, de La Habana

Es el hallazgo de un padre literario que, atento a las peculiaridades del entorno infantil, ha sabido encauzar sus preocupaciones estéticas y ético-sociales, a través de un nuevo código o lenguaje adecuado que le permite llevar a cabo la prédica revolucionaria.

El sentido de la renovación martiana sólo es posible advertirlo en el contexto de las letras de su época, o por el contraste que ofrece su quehacer artístico con los libros de la serie publicados en el período, verdaderamente contaminado, pero, a pesar de esto, siempre reconfortable para las fundaciones. El poeta cubano lo logra: cubre una necesidad cognoscitiva y estética que disputa por un lugar merecido en la enseñanza de los niños y jóvenes del siglo XIX.

Por eso, ante la plaga extendida de la mímesis y el viento saludable de la modernidad, José Martí responde a la infancia de “Nuestra América” con La Edad de Oro.

Al parecer, el Maestro aprovecha el criterio despectivo de la metrópoli, al considerar la serie como literatura pragmática, menor y momentánea, y se da a la tarea de hacer llegar lo más rápidamente posible el ideario radical y antimperialista, que pretende forjar en el niño latinoamericano. Pero esta desatención de la que se percata Martí, y aprovecha para sacarle partido, no escapa tampoco a los ojos de su editor Da Costa Gómez, conocedor en cierta medida del universo de la infancia y de la labor proselitista de la metrópoli española, quien vislumbra el peligro de las “nuevas” ideas de La Edad de Oro. Por eso, cuando éste, luego de haber financiado cuatro números, solicita al redactor que “hablase de temor de Dios, y que el nombre de Dios, y no la tolerancia y el espíritu divino, estuvieran en todos los artículos e historias”,4 José Martí toma, dolido, la resolución de abandonar la empresa. Sobre ello comenta a su amigo Manuel Mercado, en la carta del 16 de noviembre de 1889:

                       ¿Qué se ha de fundar así en tierras tan trabajadas por la intransigencia religiosa como las nuestras? Ni ofender de propósito el credo dominante, porque fuera abuso de confianza y falta de educación, ni propagar de propósito un credo exclusivo. Lo humilde del trabajo sólo tenía a mis ojos la excusa de estas ideas fundamentales. La preocupación del programa, y el singular éxito de crítica del periódico, no me han valido para evitar este choque con las ideas, ocultas hasta ahora, o el interés alarmado del dueño de La Edad.

Es la primera vez, a pesar de lo penoso de mi vida, que abandono lo que de veras emprendo.5

Martí emblema

Para comprender mejor el alcance de estas palabras, se ha escogido un ejemplo de literatura como la que solicita Da Costa Gómez a Martí, y que aparece en el semanario de instrucción y recreo que dirige Carlos Genaro Valdés, bajo el título de La Infancia. En el número 13, correspondiente al 30 de marzo de 1873, se halla el siguiente diálogo:

                                Temor de Dios

                               —Me habéis dicho, papá, que á Dios debe respetarse como á Padre universal de todo lo criado, y debe temerse su justo enojo.

Así decía Enrique, niño de trece años, á su ya anciano padre, paseando por la margen del Genil que fertiliza una de las vegas más pintorescas de España.

                                         […]

—Es verdad, padre mío. De hoy más, yo os prometo alabarle, enaltecerle, y temerle. No olvidaré un momento que para Dios nada hay oculto y que puede juzgarme y castigarme, cuando no obedezca sus santos preceptos y los de vos, que sois para mí su santa imagen sobre la tierra.

—No olvidéis nunca esa máxima, hijo mío, y serás feliz.

Desde aquel día, Enrique fue el niño más sumiso y obediente de la comarca, citándose en todas partes como un modelo de virtud, porque no olvidó jamas que siempre debe temerse á Dios, que juzga nuestras acciones.

J. de Dios de la Rada6

Como ese hombre de La Edad de Oro no está de acuerdo con propagar el dogma y la sumisión a la religión católica, tiene que cejar en la empresa de transmitir a los niños la sabiduría, lo más auténtico del pensamiento americano.

En “La Galería de las Máquinas” último artículo incluido en el cuarto número de La Edad de Oro, aparece una declaración de principios éticos, en torno a la literatura infantil, que se puede valorar como premonitoria de la censura que trata de imponerle luego el editor de la revista a José Martí:

                              Á los niños no se les debe decir mas que la verdad, y nadie debe decirles lo que no sepa que es como se lo está diciendo, porque luego los niños viven creyendo lo que les dijo el libro ó el profesor, y trabajan y piensan como si eso fuera verdad, de modo que si sucede que era falso lo que les decían, ya les sale la vida equivocada, y no pueden ser felices con ese modo de pensar, ni saben como son las cosas de véras, ni pueden volver a ser niños, y empezar á aprenderlo todo de nuevo.7

De todas formas, el redactor prefiere dejar La Edad de Oro inconclusa, pero intacta, con una limpidez que restalla, por la pureza y la fidelidad de su programa y del ideario que propone, por los aires de renovación que saludan sus páginas. Así, la publicación infantil centrada en la instrucción de hombres americanos, originales y sinceros, en la educación de seres humanos de nuevo tipo, apegados y orgullosos de su tierra, formados para madre o caballero, se detiene en el camino. He ahí otra vez el transgresor. El mismo que le comenta a su amigo: “Veo por acá que ha caído en los corazones desde la aparición de la circular. Los que esperaban, con la excusable malignidad del hombre, verme por esta tentativa infantil, por debajo de lo que se creían obligados a ver en mí, han venido a decirme, con su sorpresa más que con sus palabras, que se puede publicar un periódico de niños sin caer de la majestad a que ha de procurar alzarse todo hombre”,8 es quien abandona la empresa, no sin pesar y angustia ciudadana, pero con el orgullo de quien cierra de un portazo la luz, porque quieren mojarle las palomas y ahogarlas en la sombra. Haciendo esto, hace bien doblemente, y no por ello deja de alzarse como el más genial pedagogo y revolucionario de la Hispanoamérica del siglo XIX, que ha dotado a las letras hispánicas de un modelo para su serie literaria infantil, cuyo alcance renovador aún no ha sido superado.

José Martí, patriota y transgresor.

De esta manera, se puede concluir que, si Ismaelillo inaugura la modernidad en la poesía continental, junto a La Edad de Oro desbroza el camino de una nueva literatura infantil en “Nuestra América”.

Poemario y revista representan el punto más alto en la transgresión de la norma literaria instituida, tanto desde el punto de vista estético como ideológico. Ambas obras refuerzan el criterio de la buena literatura, que no es privativa de una u otra serie, que es condición artístico-literaria, sea quien sea su destinatario.

José Martí, El abanderado, de Margarita García Alonso.

En la renovación martiana confluyen el carácter fundacional de una nueva literatura infantil nacional y continental, de una modernidad para las letras hispánicas, y un proyecto social que mantiene su vigencia hasta el presente. En José Martí, por su agudo sentido del pulso de la historia, revolución literaria va unida a revolución de la sociedad, y en las dos el niño, el futuro, ocupan un sitial privilegiado. Estos son los principios estéticos e ideológicos de la obra de ese hombre de La Edad de Oro que continúan vigentes en la serie literaria para la infancia y la juventud de “Nuestra América”:

—Transmisión de valores que otorguen una identidad cultural e histórica, desde una diáfana postura descolonizadora y antimperialista.

—Ampliación del universo estético-ideológico, cognoscitivo y científico de los niños.

—Vocación internacionalista, a partir de la superación del estrecho sentido de nacionalismo. Americana y universalidad. Concepto de Hispanoamérica. Solidaridad con el resto del mundo.

—Brindar el conocimiento científico de los nexos esenciales de los procesos y fenómenos de la realidad material y espiritual “en lectura que interese como un cuento”, y sin la tendencia explicitada.

—Valor dela jerarquía estética como factor imprescindible para la función social de la obra literaria.

—Ruptura de algunas convenciones genéricas. Ampliación del horizonte de la poesía y el cuento. Nueva concepción de la fábula. Práctica de modalidades propias del periodismo: la crónica, el artículo y el reportaje, en su ganancia para los niños.

—Otorgarle un rango a la literatura infantil a un mismo nivel, similar, a la serie literaria para adultos, sólo diferenciadas por su interlocutor virtual.

—Necesidad de una estructuración y dosificación del contenido tratando de fijar zonas de interés permanente para el público infantil y juvenil. Relación estrecha entre contenido y forma.

—Criterio de veracidad como principio esencial de la obra literaria.

—Funcionalidad comunicativa y estética del diseño y las ilustraciones en la literatura para niños, como un vehículo transmisor del conocimiento.

Pero, sobre todo, confianza en el hombre y en la vida; conciencia del futuro mayor del continente.9

Por esta necesidad de expresar auténticamente la realidad y los cambios que se avistan en el continente, llega José Martí a la creación de una verdadera literatura para los niños latinoamericanos, que desdeña los valores anteriores, pero que se arma de una visión cultural descolonizadora, que exige la participación activa y entusiasta del niño en la lectura, que defiende la dosificación de contenido y su apertura a todas las esferas de la vida y de la realidad, además de incorporar la historia de “Nuestra América” al curso mayor del devenir social mundial. Este reconocimiento y certeza de identidad con el universo es uno de los pilares fundamentales de la proyección descolonizadora de ese hombre de La Edad de Oro, que se amplifica en el presente siglo.

Firma de José Martí.

Notas al margen

1 José Martí: O. C., t, 20, p, 147.

2 Ibíd., p. 147-148.

3 José Martí: Nuestra América,  pp. 24 y 27. Ed. Casa de las Américas, La Habana, 1974.

4 José Martí: O. C., t. 20, pp. 153.

5 Ibíd., p. 153-154.

6 Carlos Genaro Valdés: La Infancia, no. 13, pp. 4-5, 30 de marzo de 1873.

7 José Martí: La Edad…, p. 126.

8 José Martí: O. C., t. 20, p. 148.

9 José Antonio Gutiérrez: “José Martí: un renovador de la literatura infantil en el continente” en La Nueva Gaceta, edición especial infantil y juvenil, 3a. Época, pp, 5-9, La Habana, 1986. V. además en: Revista Plural, Colección Premios, México, Distrito Federal, diciembre de 1984, pp. 14.25.

José Martí y la Chiquita Cubana en el corazón.

 JOSÁN CABALLERO

1 de octubre del 2009.

Bandera martiana flotando.

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9 comentarios to “120 AÑOS DE LA GENIALIDAD MARTIANA EN LA EDAD DE ORO”

  1. María Giulia Alemanno Says:

    …qué sorpresa tan bella para mí también, Josán querido, leer tu mensaje. Qué buena la idea de la revista: yá el título me encanta! Un especial para mi? Maravilloso, a veces la realidad tiena la belleza de un sueño.
    Me estoy dando cuenta que no te he inviado la dirección de mi pagina web:

    http://www.mariagiulia-alemanno.com

    donde puedes encontrar algunas obras mias, sobre todo mis Orishas y una parte de mi pintura inspirada en la Santeria cubana. Dime por favor si hay algunas imajenes que te parecen interesantes , asì que yo pueda enviarlas en una definicion mas alta. Por supuesto voy a enviarte tambien fotos mias frente de mis obras.

    En cuanto a las preguntas…. bueno, espero que tu comprenda lo que escribo. Entiendo bastante el español pero escribirlo no siempre es fácil. También podemos comunicar através de Skype…. milagro de la tecnología!

    Por ahora un abrazo y un saludo.
    Hasta pronto!

    Maria Giulia

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    • Josán Caballero Says:

      Gracias, querida amiga, por escribirme. Llegué a tu obra por google, qué bien. Me gusta mucho tu pintura, los símbolos, y la manera en que te adentras en los patakíes y las historias. Quisiera hacerte un artículo, para mi segundo número de la Revista BRUJULAR DE MIAMI, con una entrevista seria, elegante, que incluya fotos tuyas, de tus cuadros, tus diversas facetas, y opiniones de tu cosmovisión y arte. Si puedes enviarme por esta vía material de la mayoría de tus cuadros y las tendencias y fechas. La revista tendría que terminarla para fines de octubre, así que te iré mandando las preguntas de la entrevista, cuando me hayas mandado una biografía y estas cosas, para adentrarme más en tu obra. Con el idioma no te preocupes, ya que tengo varios amigos italianos, a los que he ayudado con el castellano, e incluso están en el primer número de la revista, como lo que quiero hacer contigo. El se llama Gian Pietro Cazzago, y su hermano gemelo Giuseppe, los conocerás, pues son músicos, que han actuado con Ornella Vanoni, Patty Bravo, Eros Ramazzotti, Laura Pausini, entre otros. Tengo un libro de Fábulas y patakíes yorubas, y me gustaría que tú lo ilustraras, ya hablaremos poco a poco de eso, amiga mía. Un gran beso, y mira el material que te envío del lanzamiento de mi revista, a ver qué te parece. Me encantaría que entraras más a mi blog y revisaras materiales, para comentarlos, además de que me contaras mucho de ti, pues podemos hacer muchas cosas juntos, te aprecia, Josán Caballero.

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  2. Yasel Gamez Says:

    Cómo te entregas al estudio martiano en todos los niveles, Josán. Me parece una investigación acuciosa, con increibles hallazgos y disertaciones sobre La Edad de Oro, una de las obras maestras de nuestro José Martí.

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  3. Omar Paz Says:

    Grande es tu mundo investigativo, Josán, en donde permanece el crítico agudo, patriota, que busca más allá de las palabras el sentido justo para comentar del hombre ser creador. Prefiero estos artículos concienzudos a que tengas que lidiar con las fieras del akelarre mundano, pero te sale bien todo, logras centrarte en un aspecto, y llegar hasta sus íntimas verdades.

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  4. Gregorio Santiesteban Says:

    Este es un tratado sobre La Edad de Oro, profundo e interesante, capaz de conmovernos y promover mas lecturas. Una buena manera de acercarse a Jose Marti, a traves de su grandeza.

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  5. Hilario Valderrama Says:

    Lo que has escrito e investigado, Josan, es digno de que este entre los textos mas concretos y profundos que se hayan creado sobre Jose Marti y su gran revista La Edad de Oro, por eso, creo que seria bueno que lo convirtieras en libro, si no lo has hecho ya, pues merece propagarse por los mundos este analisis de la maestria martiana.

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  6. Siempre me encantó La Edad de Oro.

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  7. Siempre utilizo una frase, que dice:
    “En cada casa de todo buen cubano en el exilio, debe de haber un libro de La Edad de Oro, un juego de dominó y una bandera cubana.”
    Si te falta uno de estos tres, entonces te falta un gran pedazo de Cuba.

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  8. Tengo un libro autografiado por Martí, si le interesa pude contactarme a mi correo.

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